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Después de pasarte semanas componiendo, arreglando los temas y ensayando, por fin llega el momento de juntarte con tu banda y materializar todo ese esfuerzo, convirtiéndolo en un disco, EP o demo.

 

Curiosamente, entrar a grabar suele provocar sentimientos contradictorios. Es normal estar eufórico. Notar esa adrenalina que provoca saber que el gran día ha llegado y que ésta puede ser tu oportunidad. Pero también sentir vértigo, viendo la responsabilidad que te cae encima.

 

Para intentar ayudaros en esos bipolares momentos, aquí unos dejo unos pequeños consejos que -espero- contribuyan a llevar vuestra grabación a buen puerto.

 

 

1) Trabajar la preproducción

 

La primera etapa del proceso de grabación suele (y debe) empezar mucho antes de entrar al estudio. Se llama preproducción y básicamente consiste en elegir el repertorio a grabar, arreglar los temas, decidir su estructura, la instrumentación, los cortes, el tempo de cada uno de ellos, pulir las letras, etc. Y ensayar, ensayar … y ensayar, hasta que las canciones estén lo suficientemente maduras como para ser grabadas.

 

Así, al tener una idea clara de lo que queremos hacer, aprovecharemos el tiempo al máximo, evitaremos muchos quebraderos de cabeza, y ahorraremos dinero (los estudios cobran por horas de trabajo).

 

2) Llevar el equipo que mejor se adapte al material a grabar

 

Además, antes de grabar, también es importante tener claro cómo quieres que suenen tus nuevos temas y hablarlo en profundidad con el técnico:

 

¿quiero usar bases electrónicas, percusión o baterías acústicas?, ¿guitarras acústicas, españolas o eléctricas?, ¿con distorsión o sin ella?, ¿limpias o con efectos? ¿pianos acústicos, eléctricos, teclados vintage o sintes?. ¿Quiero un sonido moderno, claro y definido, o algo más clásico, sucio y con carácter?

 

También es útil buscar algún disco parecido a lo que se quiera hacer y utilizarlo como referencia.

 

Después, teniendo en cuenta todo eso, habrá que decidir cuál es el equipo que mejor se ajusta a tu proyecto. Y lo que es más difícil, pensar cómo conseguirlo.

 

Todo estudio suele tener un catálogo de instrumentos disponibles para las grabaciones (backline). Si -aun así- siguen faltando cosas, habrá que pedírselas prestadas a algún amigo o alquilarlas. 

 

3) Tener paciencia

 

No nos engañemos, grabar es un proceso lento.

 

Para sacar el mayor partido al material que se va a grabar, es recomendable poder dedicar algo de tiempo a probar distintas configuraciones de los micros, previos y amplificadores para decidir cuáles son las que mejor se adaptan a lo que queremos hacer.

 

Además, una vez ajustado todo el equipo es también conveniente realizar varias tomas de cada instrumento para poder quedarnos con aquellas que estén mejor. Y no solo a nivel de interpretación. También en cuanto a intención y “feeling”.

 

Esto implica que, normalmente, antes de poder grabar nos va a tocar esperar.   

 

Por ello, creo que lo más razonable es asumirlo e ir mentalizado de que va a suceder. Ponerse nervioso no va a ayudar a nadie. De hecho, puede crear mal ambiente en el estudio y afectar negativamente a la grabación. A mí me parece mucho más práctico llevarse un libro para leer en esos tiempos muertos ¿no creéis?

 

 

 

 

4) Trabajar en equipo

 

En mi opinión, para conseguir que una banda suene empastada es necesario que cada uno de los instrumentos cumpla su función y no intente ir más allá del lugar que le corresponde. En otras palabras: debe apoyar, complementar y/o enriquecer aquello que estén haciendo los demás. Y también dejarles espacio.

 

Por eso no es recomendable intentar demostrar constantemente lo buenos que somos con nuestros respectivos instrumentos.  Si en un tema la guitarra solea todo el rato, la batería mete breaks supercomplejos cada 5 segundos y el bajo aprovecha la más mínima ocasión para tocar líneas hiper-rápidas de slap, lo más probable es que el resultado final sea confuso y poco musical.

 

No me malinterpretéis: por supuesto que en una canción puede (y a veces debe) haber solos y partes musicales complejas, experimentales o sorprendentes. Pero sólo en aquellas ocasiones en las que realmente la propia música te lo pida, en las que resulte natural. Lo que no creo conveniente es meterlas con calzador, forzadas y sin que vengan mucho a cuento.

 

Algo parecido sucede con la mezcla. Tal y como yo lo veo, cada canción es un puzle formado por la unión de distintas piezas. Cada una de estas piezas es el sonido de un instrumento diferente.

 

Obviamente, dependiendo del estilo musical y del instante concreto en el que nos encontremos dentro de esa canción, habrá instrumentos que deban destacar más que otros. Pero, por lógica, si sólo nos centramos en una de las piezas y la agrandamos al máximo (subimos a tope su volumen y el espacio que ocupa en la mezcla), difícilmente podremos hacer que encaje con las demás.

 

5) ¿Usar metrónomo?

 

Usar claqueta no es ni bueno, ni malo. Al igual que en otros muchos casos, tiene sus pros y contras.

 

Su mayor ventaja -y el principal motivo por el que se usa en incontables grabaciones- es que sirve como referencia, ayudando a los músicos a seguir el ritmo.

 

También simplifica bastante la edición de pistas: al estar toda la canción (o cada sección de la canción) grabada a un mismo tempo es posible sustituir alguna parte con errores por otra ejecutada correctamente, que inicialmente estuviese en otro lugar diferente del tema.

 

Pero todo esto tiene un coste, el hecho de que los músicos tengan que estar concentrados en seguir la claqueta puede quitar naturalidad y frescura a la interpretación haciendo incluso, en algunos casos, que suene algo forzada.

 

Otra desventaja es que en pasajes especialmente suaves, con poco volumen, puede colarse a través de algún micrófono y arruinar la toma.

 

Por eso, creo que lo más lógico es decidir si usarla o no, dependiendo del proyecto musical que se trate. Así, en una grabación de música clásica con muchos cambios de tempo e intensidad, quizás no sea la mejor opción. Pero en una grabación de pop-rock puede ser muy útil, sobre todo si alguno de los músicos tiene dificultades para seguir el ritmo.

 

6) Dejar la celebración para el final

 

Una grabación es un proceso que exige que cada músico se esfuerce y dé lo mejor de mismo. Por eso, una vez acabada, lo normal es celebrarlo. Pero eso sí, sólo después de haber finalizado. De lo contrario … corremos el riesgo de no llegar a terminarla.

 

Y aquí acaba mi lista de consejos generales, dirigidos a todos los músicos implicados en la grabación.

 

Obviamente, cada técnico tendrá la suya (no existen las verdades absolutas), así que os animo a que os informéis, comparéis y os quedéis con aquella que mejor se adapte a vuestra forma de entender la música.   

 

En próximas entregas nos centraremos en consejos específicos para cada instrumento.

¡Suerte!

 

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